domingo, 13 de enero de 2013

¡Domingo para uno y uno para domingo!

Me encuentro sentado, ahora, mirando por una ventana de autobús. Pero no creo que el viaje desde donde estoy vaya a ser sencillo. Yo sólo estaré sentado, calentando un asiento hasta que el conductor de autobús me llevé a mi parada. Veo mi vida pasar por delante de mí. Mi vida de las últimas seis horas únicamente:

Es domingo, segundo de mes y toca trabajar excepcionalmente. Me sobé. Dormir es uno de los placeres de este mundo y yo intento cumplirlo en la medida de lo posible. Fue un caos: a menos de media hora para tener que abrir la tienda, en un recorrido de una hora y cuarto en transporte público. ¿Cómo resolver esta paradoja? Sin dinero ya a comienzos de mes, sin tarjeta y con pelo de recién levantado hice un híbrido metro- taxi.

Mi sinceridad fue absoluta con el taxista: "No tengo dinero". Su cara fue igual de sincera, con una de esas miradas que te atraviesan el corazón. Con una sonrisa amable logré engatusarle sin mucho esfuerzo de que le pagaría al llegar al destino. Decidió fiarse de mí y al llegar al trabajo, lo primero en hacer tras subir la verja de la tienda, fue coger dinero de caja, salir de nuevo al taxista que me esperaba y pagarle para que no me estrellase el gato en la cabeza. El día habia comenzado bien. Más que eso: estupendamente(!)....debiendo dinero a la tienda.

Un domingo del que nadie sabía nada. Como en una película de zombis, los madrugadores deambulan sin saber dónde por las galerías del centro comercial donde trabajo. Para aquí y para allá. Cereeeebrosss...
La avanzadilla de las agujas del reloj no son motivo suficiente para que se despierten de sus casas. ¿En la tienda? Bien: limpiando, hablando con los compañeros de las tiendas vecinas, etc. Bien., para mí es domingo, como para los clientes, como para ti.
Ya son las tres, la hora de cerrar. Hoy abrimos sólo medio día. La caja está hecha y es reconfortante bajar el interruptor donde pone "LUCES". Y lo es más el oír el "CLICK" del interruptor. ¡Adiós! ¡Hasta otra! Saliendo hacia fuera, aún en el centro, me quedo hablando con compañeros de las tiendas mientras miro una aplicación de móvil que ya conocéis muchos. Mi "amiga" que siempre me ayuda, la diosa de las aplicaciones no es otra que ésa que te dice cuanto tiempo le falta a tu autobús para que salga de la parada. Lo miro...esperando...esperando...¡Dos minutos! ¡¡A correr de nuevo!

Llego a la parada con la lengua fuera para encontrarme con esto:


Y es que hoy es domingo para todos.

Ya habían pasado los dos minutos para que el hombre arrancase y ahí estaba, a moco tendido. ¿no le han dicho que es peligroso quedarse dormido al volante? Psch...No sabía que hacer y llamarle a la puerta no era buena idea. ¡Hay que ver cómo se levantan algunos de sus sueños! No era buena idea arriesgarse. Esperaría lo que fuera suficiente por el pobre hombre. Y de repente, un móvil procedente del interior del bús hace las veces de despertador del conductor, quien a velocidad felina se estira, bosteza y le da al botón que abre la puerta. ¿Es posible hacerlo en un sólo tiempo? Sí, este hombre lo hizo. Lástima que yo fuera el único testigo. Realmente algo digno de ver.

La decisión de subirse en un vehículo cuyo conductor llevaba los ojos más cerrados que abiertos fue difícil. Recordar que el próximo bus tardaría unos veinte minutos si dejaba escapar éste me ayudó a decidirme. Sin más dilación, me monté.

 Y aquí estoy. Porque seamos sinceros: hoy es domingo.

¿Y es domingo para todos, verdad?

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