sábado, 12 de febrero de 2011

Pompas de jabón


Camina sin prisa, no despacio.

A un ritmo suficiente que le deje sentir el viento y poder preguntarse porque nunca respiró con tanta fuerza.
Se va fijando en su sombra, pegando algunos saltos y extendiendo los brazos.
Hoy tiene un amigo que tiene sus ojos puestos en ella continuamente. Con una luz cegadora que ella no tiene que mirar, le da la espalda porque sólo está pendiente de volar.

Se inclina intentando abrazar todo aquello que no existe y no se puede echar de menos. No lo consigue.
Sonríe: Un vacío que es de agradecer porque la deja avanzar y siempre pendiente de su sombra dibujada en el suelo. Hace movimientos de lado a lado, esquivando los obstáculos en su mente, distraída y sin atención a lo que tiene delante.

Llega a su destino: un suelo verde alejado de esos viejos grises edificios y de aquellos ruidos que según ella cree, nos olvida recordar que tenemos que reír frecuentemente.
No hay luces a las que esperar, ni un señor de color que la dice cuando tiene que poner sus pies en movimiento. Nada con lo que chocar ni nada que lamentar.
Puede sentirse libre y reír. Ella así siempre lo hace, pero hoy es algo distinto.

Se deja caer en el césped como lo haría en la cama después de llegar a su casa tras un día de trabajo. Lo hace tan fuerte que el culetazo con el suelo la llega a hacer daño. Aun así no es algo que le impida tumbarse por completo.

Se para un par de segundos y comprueba que ningún brazo o pierna se salga de su cuerpo buscar algún dueño nuevo. No, hoy se quedan junto a ella y se estiran cada uno en una dirección anónima para su extremo opuesto. Quieren tocar el infinito pero no lo alcanzan, así que ella les explica que han de conformarse con lo finito…bueno, hoy realmente que lleguen a donde más puedan. Ni lo uno ni lo otro.

Mirando al cielo se para a respirar como vino haciendo conforme tomó la decisión de caminar.
Lo siguiente que hace es escuchar. Es sorprendente poder escuchar nada. Un silencio que únicamente se ve interrumpido por los diminutos murmullos de la gente que tuvo la misma idea que ella y que ahora está también en el mismo estado de trance.
Alguno pájaro canta bajito y solamente un perro pequeño jugando con un niño que debe ser su dueño interrumpe por pequeños momentos la aparente paz con un guau.

Retorna la vista hacia arriba y esta vez tiene que cerrar los ojos. El sol ahora sí la hace coger las gafas de sol y ponérselas. Rebusca sin mucho esfuerzo en la mochila sin abandonar su posición de dormida.
Perezosamente y sin prisa, mientras la mano permanece ocupada en encontrar las gafas en la que nunca recuerda una mochila tan profunda, sin fondo. La otra mano la extiende hacia sus ojos marrones entrecerrados.
Por fin toca lo que parece ser un estuche. ¡Sí! ¡Ese es! Ahora sólo tiene que quedarse ciega un instante para lograr abrir el estuche y ponerse esos cristales oscuros que no dejan a los demás ver miradas nerviosas.

Vuelve a respirar y está vez se le cuela un olor agradable. Vuelve la cabeza de un lado a otro hasta que da con el origen del olor.
Nunca fue una experta en árboles ni flores. A decir verdad en ningún tipo de vegetación.
Unas flores de color azul que ve alejadas entre dos grandes árboles deben ser las creadoras de ese aroma.
Las envidia por momentos, ya que al verlas piensa que caminar debe ser una idea absurda si se puede estar tan tranquilas como se ven ahora. El viento las mueve sutilmente como las pequeñas ramas y hojas de los árboles.
Definitivamente, escogió un buen día para relajarse.

Tras un buen rato se da la vuelta y clava sus codos en la hierba. Intenta alcanzar algo en la bolsa yse pregunta porque ésta parece alejarse por momentos. Tiene que estirarse bastante en esta ocasión pero logra su objetivo: un tubo con forma de cilindro de color rosa de unos 12 cm.

Lo agita y desenrosca la tapa con cuidado.
Inmediatamente después de salir de casa compró en una tienda uno de esos juguetes con agua y jabón cuya tapa tiene un bastoncito terminado en círculo.
Como si tuviera 4 años, coge aire con cuidado lo expulsa a través del círculo. En ese mismo momento pequeñas pompas de jabón se generan estrepitosamente del bastoncito. Cuando ya no salen más espera a ver como explotan en el aire y algunas valientes estallan en el suelo desapareciendo en pequeñas gotas enanas, muy pequeñitas.

Sonríe y vuelve a mojar y recargar el bastón. Lo saca y nuevamente deja escapar el aire de sus pulmones. Mientras las gotas caen ahora, deja romperse alguna en su mano.
Es agradable sentir las pequeñas gotas de agua caer en su piel.

Las pompas que no explotaron se funden con los rayos del sol, un cielo y pequeños verdes y rosas. No se acordaba del bonito color del que están hechas estas esferas mágicas.

Vuelve a mirar al cielo y soplando las burbujas parecen llegar al cielo.
Cuando se deshacen en su rostro no puede resistir de la tentación de quitarse las gafas de sol para que le lleguen a los párpados…Sus ojos cerrados pueden sentir el frescor de las pompas al romperse.

Está tan metida en su mundo que no se da cuenta de que dos niños la observan a dos pasos suyos riendo ante el espectáculo que les ofrece. Cuando se percata de ellos sólo puede reír y extenderles la mano con el tubo cerrado – Lo siento, ya no queda mucho jabón- alcanza a decirles.
Los muchachos aceptan el regalo y ella los ve irse mientras soplan con fuerza turnándose y robándose el juguete el uno al otro.

Ahora se sienta sobre sí, vuelve su vista hacia arriba y ve como su amigo se esconde entre las nubes. No quiere aceptarlo pero se le está haciendo tarde y tiene que regresar a casa.

Recoge su mochila que vuelve a estar aún más lejos de ella, casi parece tener vida y moverse por sí sola.
Se pone nuevamente en marcha dejando atrás las pompas de jabón y a los chicos que ahora juegan por ella.

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